Una temporada horrible. Infame. No acabó con el drama del descenso a 1RFEF por lo bajo del nivel de los rivales por evitarlo (este año la permanencia fue la más barata hasta ese momento desde que juegan 22 equipos). Una gran primera vuelta (con muchísimo mejor puntaje que juego) dio paso a una de las peores segundas partes de campeonato de la historia. Se rompían récords negativos cada semana (vamos a tardar muchísimos años en volver a ver nueve derrotas consecutivas en casa). Y se llevó por delante a dos entrenadores. El alivio no llegó hasta la penúltima jornada. Pero aquello no era más que el resultado lógico de la pésima gestión de la entidad, que ponía en cualquier parte menos en el césped los recursos que se generaban.
Ya lo avisaba Garitano con el cadáver caliente de la temporada anterior. En la rueda de prensa del último partido en Oviedo (que iba en trayectoria cruzada, directo hacia Primera), el técnico vasco ya advirtió de que
había que renovar muchas cosas si se quería aspirar a más. Y el club se puso manos a la obra. En teoría.
De hecho, no pasan apenas unos días y ya se escuchan los primeros rumores de salida de pesos pesados del vestuario antes de comenzar la nueva campaña. Salen pronto
a la palestra los nombres de Sobrino y Alcaraz, que hasta hacía poco parecían indiscutibles. Costaba creerlo, pero al final, junto a Escalante, terminarían saliendo. Eso sí, hubo que esperar casi al último día de mercado.
El verano no deja grandes titulares ni bombazos. Pero en materia de fichajes, empieza de la mejor forma posible. Apenas llevamos una semana de junio y ya se confirma el gran sueño de Vizcaíno:
el fichaje de Suso tras terminar contrato con el Sevilla. El gaditano volvía al club que lo formó, aunque nunca llegó a debutar como profesional (normal: se lo llevó el Liverpool en edad de cadete). Como ya sabemos, por desgracia su rendimiento se quedó muy por debajo de las expectativas que generó.
Foto: Diario de Cádiz
A partir de aquí, se van sucediendo las altas de Sergio Ortuño y Joaquín González cuando apenas llevamos media junio. Parece que el club, este año, se adelanta para hacer los deberes. Y pocos días después llega otra gran alegría para la afición (y para su entrenador, que lo pidió a gritos): el pago de la cláusula de Kovacevic al Partizan de Belgrado para tener por fin al serbio en propiedad. Un jugador capital.
El resto del periodo estival continúa con más altas y con las renovaciones de dos viejos rockeros como Iza y Álex Fernández. En las salidas sorprenden los casos de Melendo, Chris Ramos (al que ficha el Botafogo) y Chust (que jugará con el Elche en Primera). Pero ya se avisó: había que dejar entrar aire, y nadie era imprescindible.
Tras un enésimo deslucido Trofeo Carranza (con todos los respetos, reducido a un simple encuentro con el Córdoba), comienza la liga. Y lo hace con mucho mejores resultados que juego. Victoria ajustada ante el Mirandés. Empate con el Leganés. Victoria otra vez como local contra el Albacete (donde
debuta e irrumpe Tabatadze). Empate en la visita a la Real Sociedad B (donde el georgiano vuelve loca a la afición con dos goles en apenas un minuto). Y nuevo triunfo en el Mirandilla frente al Eibar.
Foto: cadizcf.com
Parece que el Cádiz coge la directa y no va a caer más tras su sólida victoria en La Rosaleda (primera a domicilio de la temporada). Pero en la siguiente jornada, en casa, el Ceuta frena la euforia al robar un punto del coliseo gaditano. Con todo, los de Garitano ya están instalados en la parte alta.
La primera derrota de la temporada (en la visita a Las Palmas), aunque no deseada, no altera las buenas sensaciones. El equipo alcanza su cénit una semana después: derrota al Huesca y finaliza la jornada
en lo más alto de la tabla (tras los tropiezos de Deportivo y Racing), algo que hacía muchísimo tiempo que no ocurría.
Pero fue tocar el cielo y, desde ahí, bajar a los infiernos. O, si prefieren, lo de siempre: llegar es fácil, mantenerse es lo difícil. El caso es que los amarillos entran en una racha pésima de juego y resultados. Para empezar, primera derrota como local tras la visita del Burgos CF, que puso el Mirandilla patas arriba. Y después, tres 0-0 consecutivos.
Sí, el equipo mostraba solidez defensiva. Y el portero estaba de cine. Pero de medio campo para arriba era todo desierto y arena, sin oasis en el que refugiarse.
Apenas había ocasiones ni jugadas de peligro. En cada partido aparecía la misma sensación: por más que se jugara, no íbamos ya no a marcar, casi ni a disparar a puerta. Era complicado tragarse un partido del Cádiz sin caer en el sopor. Luces apagadas arriba. Una señal de lo que estaba por venir.
De hecho, el equipo encadenaría cuatro partidos seguidos sin marcar (Granada, Andorra, Valladolid y Almería), y una derrota más en el Mirandilla frente a la Cultural Leonesa. Ese partido fue especialmente doloroso. Los recién ascendidos, pese a ponerse por detrás con el gol de Efe, dieron un baño a los amarillos. No en vano, Garitano (que luego además rajaría en rueda de prensa, algo inusual en él) ya hizo dos cambios en el minuto 38 y más en el descanso.
En total: tres puntos en seis partidos. Y lo peor, unas sensaciones horripilantes. Lejos de pelear por el liderato, casi había que dar gracias por los puntos del inicio. Harían falta luego para asegurar cuanto antes la media centena.
La sangría se para el último día de noviembre (al menos para dulcificar un mes horrible), con una victoria en el campo del Córdoba. Ahí se abre el mejor periodo competitivo del equipo en toda la temporada. Antes, eso sí, tocó pasar el ciclón del Racing por el Mirandilla. Los cántabros se pusieron 2-0 por detrás, fallaron ocasiones clamorosas y aun así remontaron para ganar 2-3. Demostraron una diferencia sideral de plantilla y calidad. Si hubieran necesitado cuatro goles, también los habrían hecho. Una pista para quien quisiera verla de lo que terminaría pasando hasta final de curso.
Foto: cadizcf.com
A partir de ahí llega una excelente racha: victorias en Zaragoza y en casa frente al Castellón, empate en Riazor (mereciendo mucho más, porque el Dépor marcó en dos rebotes de carambola) y triunfo en Cádiz ante el Sporting (aquí se cambiaron las tornas, porque fue milagroso lo que fallaron los asturianos). Eso nos coloca en la mejor posición de la temporada, con el conjunto de Garitano lanzado.
El 2026 empezaba como un cohete. Nadie, ni el más pesimista, podía imaginar que el Cádiz sería el peor equipo de ese periodo. El espejismo fue bonito mientras duró. La realidad: equipo cogido con pinzas, que se cae por completo y entra en una de las peores rachas de sus más de 110 años de historia. Un único y escaso punto de 24 posibles, un solo empate en ocho partidos y una dinámica que se llevó por delante el objetivo mínimo, la ilusión y, por supuesto, al entrenador (y mira que la directiva hizo todo lo posible por ahorrarse el despido).
Los síntomas aparecen con la derrota en Albacete. Ni el cansancio acumulado de los manchegos (venían repletos de moral tras eliminar al Real Madrid en Copa esa semana) permite a los cadistas plantar batalla. La historia se repite en casa contra el Granada (al menos ahí se generaron ocasiones que acabaron en los palos) y mucho peor en Huesca, donde los amarillos firman otra actuación insufrible e imperdonable. La sangría continúa en casa contra el Almería. De nuevo, fallos groseros en ambas áreas, sobre todo de Dawda en ataque (increíble la ocasión que falló con 40 metros de carrera en solitario), nos recuerdan lo tremendamente limitada que era la plantilla.
En esas cuatro semanas, mientras el equipo se hunde y se ven las costuras, también se apura el mercado de invierno. Ni los malos resultados hacen reaccionar a la directiva, que apenas apuntala al equipo.
Foto: cadizcf.com
A eso hay que sumarle el sonado despido de Fali. Su salida deja ficha libre. Y esa ficha la ocupa... Kouname. El centrocampista regresa tras su cesión en Chicago y, aunque no se contaba en absoluto con él, tras el fracaso de las negociaciones con el jugador y la imposibilidad de traer un delantero (la secretaría técnica lo intentó, pero mal y tarde),
hay que “comerse” al jugador africano, que de repente parece poco menos que una superestrella. El último retoque, a falta de mayores miras, es el fichaje del central Sergio Arribas. Todo ello con Suso y Ontiveros (del que el entrenador ya empieza a cansarse y a mostrarlo públicamente) sin ritmo o lesionados. Difícil de explicar, una vez más, el desaprovechamiento de la ventana para mejorar la plantilla. Otro mercado de invierno para olvidar. Hasta a Garitano, siempre correcto, se le escapa en alguna rueda de prensa que
el equipo está muy verde y no apto para competir con otros de más experiencia.
Tras salvar un punto de aquella manera en El Plantío, futbolistas y entrenador siguen a la deriva. Y se superan cada semana, en negativo. Cuando parece que no pueden jugar peor ni dejar peor imagen, son ridiculizados por el filial de la Real Sociedad en casa. Ahí ya es imposible mantener las caretas. Garitano empieza a descubrirse y admite en rueda de prensa que “
la realidad del equipo es la que veis”. Más claro, imposible. El vasco ya tiene poca fe en los suyos, y probablemente en sí mismo. Pero la directiva no reacciona.
El equipo ya no cuenta partidos por derrotas, sino por goleadas en contra. Y lo peor: con nulas opciones de hacer daño al rival. Una semana después, el Eibar les mete tres (el gol de Ocampo en el 89 fue meramente testimonial). Ni atisbo de reacción.
En medio de esta tormenta, la directiva parece empeñada en cabrear aún más a los suyos. Como si la crisis deportiva no fuera con ella, y ajena a la realidad, sigue con devaneos empresariales y bursátiles que al aficionado no le importan en absoluto. Ahora toca el
cambio de nombre comercial al estadio (por algo tan “gaditano” como JP Financial), mientras el olor de todo el tinglado de Nomadar es cada vez más sospechoso, con
advertencias de la CNMV de que el nuevo patrocinador no está autorizado para operar como debiera. La sensación de la afición es clara: encima les mangonean lo poco que les queda, mientras el dinero no está en el verde.
En lo deportivo, toca recibir a un Zaragoza que parece desahuciado. Había que aprovechar para tomar aire y frenar la sangría de puntos. Los capitanes, en un último intento por aunar a la afición,
piden públicamente apoyo. Es una final para cambiar la dinámica, y lo saben.
El público responde. Está con los suyos. Pero a estas alturas, avezado lector, ya imaginas el pago: otra sonrojante derrota ante un rival que mostró lo justo, y contra el que no se pudo hacer ni un gol, ni casi ocasiones.
Un punto en ocho partidos. Cuatro goles a favor en ocho jornadas. Trece en contra en ocho fechas.
Foto: La Voz
Garitano, ya totalmente desnortado, no sabe qué teclas tocar: cambia de sistema, da el centro del campo a Álex Fernández de inicio, incluso releva al portero... y, en el colmo de la desesperación, su quinto cambio para remontar contra el Zaragoza es... Kouname. La viva imagen de la incapacidad y el agotamiento de ideas. Con estos mimbres, y por más que se resistiera, Vizcaíno no tiene más remedio (necesitó dos días tras la debacle ante los maños) que
cargarse al técnico al que venía defendiendo contra cualquier lógica.
Su sustituto se decide a medias entre lo técnico y
lo sentimental. Vuelve Sergio González, que desde su anterior etapa se afincó en la Bahía, y es una opción fácil (y barata). El catalán tiene una tarea durísima: levantar a un equipo que, además de carencias técnicas gravísimas, está hundido mentalmente.
Sergio hace bueno el refrán de “a entrenador nuevo, victoria segura” y corta la pésima racha con un triunfo importantísimo en el campo del Mirandés (ya rival directo por no descender). Se estrena con cambios como dar entrada a Yussi Diarra en la mediapunta y sin confiar en los fichajes de invierno.
Pero el problema era colosal. No se arreglaba cambiando un cromo. A la primera ante un rival potente, éste le saca los colores. Visita el Málaga el Nuevo Mirandilla y el baño es de época. En el minuto 46, 0-3 y sensación de que, si necesitaban el doble de goles, también los hacían. El estadio, otrora templo innegociable, se queda medio vacío. Son cinco derrotas consecutivas en casa (de momento, y lo que quedaba todavía),
algo jamás visto en ninguna categoría en toda la historia del club. No hay cuerpo que lo aguante. A esas alturas, el Cádiz es el
segundo peor equipo de la segunda vuelta (solo rinde peor la Cultural Leonesa, farolillo rojo).
Foto: Diario de Cádiz
Por si fuera poco, esa misma noche tres jugadores (Ontiveros, con la temporada que está haciendo; Caicedo y Raúl Pereira)
se van de fiesta y los pillan in fraganti (hay que tener poquitas luces con lo fácil que es hoy exponer todo en redes). Es la culminación de que el vestuario está podrido y de que queda poco que hacer. En el club no dudan en señalar a los jugadores como responsables de la
penosa situación deportiva.
Lamentablemente, desde ahí todo fue seguir cayendo. Como precipitarse por unas escaleras sin final.
A la derrota contra el Málaga se suman en una misma semana la de Ceuta (Iza terminó a lágrima viva, desesperado por la situación; gesto que le afeó el técnico, enésima señal de que algo iba mal en ese vestuario), la de Valladolid (otro partido inoperante) y, otra vez en casa, la del Córdoba.
La directiva, ahora sí y en abril nada menos, ve que el peligro de descenso es real. Empieza a dar bandazos en busca de una solución que debió planificarse mucho antes. Con solo ocho jornadas por delante, el club decide por fin cubrir la ficha libre y
recupera a... Lucas Pérez, que llevaba un año en paro. Palos de ciego para evitar lo inevitable.
Foto: cadizcf.com
La afición también ve peligrar no solo la categoría, sino incluso la propia existencia de la entidad, y
se agrupa bajo la plataforma 1910. El colectivo, integrado por más de 40 peñas, asociaciones y grupos, se presenta como respuesta organizada al descontento con la dirección del club.
Da igual. El equipo sigue hundido en la miseria. Y tras dos derrotas más, en casa frente al Andorra (la racha como local, inédita y sangrante, era insoportable) y en Gijón, mostrando otra imagen penosa de equipo incapaz de inquietar al rival, llega otro salto con tirabuzón de la directiva, ahora sí viendo de frente las orejas del lobo.
El sustituto para reconducir a un equipo desnortado y perdido es Imanol Idiakez. Si no bastó con forzar la destitución anterior, los jugadores también consiguen imponer el relevo (con un presidente muy valiente con los más débiles, pero totalmente a merced de la plantilla aquí), al que Lucas Pérez conocía de su etapa en el Deportivo, con el que ascendió a Segunda. Ahora tocaba evitar el camino inverso. Por eso no sorprendía que el gallego se convirtiera en pieza indiscutible (además en una posición más retrasada), ni que en el banquillo se le viera hablar con el entrenador como si fuera uno más del cuerpo técnico. Al final todo sería para bien, sí. Pero no son síntomas de una entidad sana.
La calle se crispa cada vez más: manifestaciones, concentraciones,
folletos contra la directiva... un cóctel explosivo que no lleva a ningún buen sitio.
Foto: La Voz
Idiakez no puede parar la caída en su debut. Pese a adelantarse en el marcador, los cadistas vuelven a caer en casa, ahora frente a Las Palmas. El público del Mirandilla ya no sabe qué hacer para ver a su equipo ganar como local, o al menos empatar. Sí hubo cierta mejoría en el juego, pero nada para tirar cohetes y el tiempo se acaba. Solo la inoperancia (también desesperante) de los rivales por la permanencia, como se dijo al inicio permite al Cádiz seguir fuera del descenso, milagrosamente, pese a sus horrendos resultados.
Una semana después, los amarillos acarician la permanencia en la visita a la Cultural Leonesa, otro metido abajo y con peores presagios. El Cádiz ganaba 1-2 al entrar en el descuento, un marcador que suponía un paso de gigante por la salvación. Pero un error defensivo más, en la última jugada, reduce dos puntos necesarios como el aire, y además ante un rival directo.
Al menos, el equipo deja otras señales: remonta un partido que empezó perdiendo y no se derrumba al primer contratiempo.
La visita del Deportivo a Carranza en la siguiente jornada no auguraba nada bueno. Los gallegos iban lanzados al ascenso a Primera (trayectorias opuestas), ascenso que luego conseguirían. Y, aunque los de Idiakez vuelven a plantar cara y al menos muestran pulso, no pueden evitar caer otra vez en los minutos finales ante el cuadro gallego.
El tercer inquilino del banquillo suma un punto de nueve (con dos partidos en casa), así que numéricamente no mejora nada. Pero sí es cierto que las sensaciones empezaban a ser otras. Como ya se dijo, los rivales siguen insuflando vida y dando oportunidades. Solo en esa jornada perdieron los cuatro de abajo otra vez (Zaragoza en Valladolid, Cultural en Albacete, Mirandés en casa contra el Eibar y, lo más sangrante, Huesca también como local frente a la Real B).
El panorama se empieza a aclarar en la antepenúltima jornada. El Cádiz saca un punto de mucho mérito en Castalia (otra entidad en la que mirarse: en poco tiempo pasó de 1RFEF a mirar al playoff). El partido fue en viernes, y tocaba mirar qué hacían los perseguidores. Mirandés y Huesca, los que más preocupaban, también empatan. Zaragoza consuma su descenso virtual perdiendo en casa. Y el único que gana es la Cultural, que aun así sigue un paso por detrás.
Ahora sí, hora de la verdad. Último partido en casa frente al Leganés, también metido en el lío. Las cuentas eran claras: ganando, se acababa la pesadilla; perdiendo, pie y medio en 1RFEF. Pero esa tarde, por fin, salió todo de cara. Los amarillos golean a los pepineros en un partido dominado de principio a fin y con esas gotitas de suerte que también hacen falta. El enfrentamiento directo entre Mirandés (que esta vez sí ganó, lo que habría sido un drama para nosotros de haber perdido) y el propio Leganés garantiza superar al menos a uno de los dos. Huesca, Zaragoza y Cultural no sacan resultados y descienden ese día, ya sin opciones de alcanzarnos.
Foto: cadizcf.com
Había que ganar un partido. Solo uno, para evitar lo que podía haber sido el colapso de la entidad. La bala pasó cerca, muy cerca. Esta temporada fue un aviso clarísimo: si la entidad seguía por esa deriva (ya detallada, de
salidas a bolsa con delirios de grandeza y movimientos internos sobre el que
muchos ponen la señal de alarma), acabaría yéndose al hoyo.
El desastre deportivo se redondea con el
fracaso del filial. El Mirandilla no pudo ni siquiera acceder al playoff de 2RFEF.
Por último, el club volvió a dedicar una puerta del estadio a uno de sus mitos: el inolvidable
Carmelo, el Beckenbauer de la Bahía. Una gran iniciativa, sin duda, que hay que aplaudirle a la dirigencia del club.
Nuestra última frase, como siempre, va para quienes nos dejaron durante esta temporada: Pepito Hernández, Manolo Cardo, Colin Addison, Enrique Collar, Tobalo y, por encima de todos, Manolín Bueno. DEP.