Arranca la liga como un tiro —fundamental ante el Mirandés, de los pocos que brilla en Leganés—, se lesiona en Albacete y, al reaparecer, el técnico vasco le devuelve enseguida la titularidad. El onubense no responde: le falta mordiente arriba, falla ocasiones inexplicables, como en Almería, y salvo destellos —el partido en casa contra el Racing— sale sustituido sin dejar apenas una jugada de peligro. Hasta Garitano deja de contar con él. Con Sergio González no cambia gran cosa; con Idiakez, en cambio, reaparece en los tres últimos partidos, marca el gol de la tranquilidad ante el Leganés y ayuda a salvar la categoría.
No basta. No acepta la renovación, el contrato se le acaba al término de esta temporada y desde enero podía negociar a coste cero. El club, que días atrás negaba a la prensa que estuviera en el mercado, termina vendiéndolo por el 70% de sus derechos, a cambio de unos 700.000 euros, y se queda el 30% restante. Se va con 58 partidos, 33 titularidades, tres goles y tres asistencias: el camino de la cantera al primer equipo sí se completa; el de convertirse en el desborde que se le suponía, no.
Foto: La Voz