Titular indiscutible para Garitano en la derecha a pierna cambiada, dejó destellos de la calidad que se le suponía —el gol de la victoria ante el Eibar, detalles en casa contra el Ceuta— pero nunca terminó de romper como la estrella que era. Tras 14 titularidades en los 15 primeros partidos, una rotura de fibras en el sóleo lo dejó fuera del resto de 2025, precisamente cuando el equipo recuperaba su mejor versión. Reapareció en el naufragio ante la Real B, ya en 2026, y a partir de ahí ni Garitano ni Sergio González consiguieron extraerle esa calidad diferencial. El enfrentamiento público con Juan Cala, como capitán, acabó de enrarecerlo todo.
Con Idiakez hubo una ligera mejoría —las asistencias a Antoñito y Joaquín contra Las Palmas—, suficiente para salvar la categoría pero no para recuperar el hechizo de su llegada. Donde un año antes había cariño y admiración, este verano solo quedaron silencios incómodos. Así termina no solo su breve etapa cadista, sino toda una carrera que había pasado por Liverpool, Genoa, Milan y Sevilla. Una lástima que, donde más se esperaba el do de pecho, se quedara en tan poco.