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Precedentes de cuatro derrotas seguidas

08 de febrero de 2026

Hacia muchísimo tiempo, nada menos que 19 años, desde que el Cádiz no perdía cuatro partidos consecutivos en liga en Segunda División. y hubo otras temporadas en las que incluso fueron más partidos aún. Y la verdad es que da pánico recordar los precedentes. Pero vamos con ellos.

La última vez que nuestro equipo perdió cuatro jornadas seguidas en la división de plata ocurrió en la campaña 2007-08. Fue, eso si, con la liga recién comenzada, entre las jornadas 5 y 8, en las que perdió en casa contra el Córdoba (0-1), en Castellón (2-0), en casa frente al Eibar (1-2) y finalmente en el campo del Poli Ejido (1-0). Aquella crisis se llevó por delante a Arturo Baldasano, que se bajó del barco para que volviera Antonio Muñoz. Para los más jóvenes, aquella terminó siendo una temporada horrible, con un final dramático que acabaría en descenso a Segunda B.

Mucho peor fue el precedente anterior, la campaña 1993-94. En esa temporada hubo dos rachas de cuatro derrotas consecutivas, pero es que hubo otra de nada menos que siete derrotas seguidas, entre las jornadas 9 y 15, que dejaron ya muerto al equipo para el resto del año. Ni que decir tiene que esa campaña concluyó también con el descenso a la categoría de barro.

En la temporada 1971-72, otra liga desastrosa de los amarillos, fueron dos rachas también de cuatro partidos seguidos sin sumar. La primera de la jornada 4 a la 7, y luego otra vez de la 10 a la 13. En aquella ocasión los cadistas se libraron del descenso tras una promoción agónica contra el Sestao.

Aunque nada como la temporada 1958-59, en la que los nuestros estuvieron nada menos que ocho jornadas (la peor nunca registrada en la Segunda División) concediendo la victoria a los contrarios, entre las jornadas 17 y 24. Tras quedar terceros por la cola, consiguieron eludir el descenso también en otra promoción dramática contra el Algeciras.

En resumen, cuando hay rachas tan negativas, el resultado a final de liga suele ser pésimo. Y ahora ya no hay promociones a las que agarrarse. Moraleja: el equipo tiene que reaccionar rápido no ya para engancharse al ascenso, que fue siempre una quimera, sino para no acabar teniendo que mirar por el retrovisor, porque ahí ya entran los miedos y pánicos.